October 18, 2026 by
El final del verano
y la vuelta a la maravillosa rutina.
Este invierno se me ha hecho eterno.

Normalmente en Burgos los inviernos son fríos y las mañanas despiertan con un cielo azul que parece darte la bienvenida, con un sol radiante que lo llena todo de energía.
En cambio, este último, ha sido gris, nublado, lluvioso, languido, pastoso, lento y triste. Un invierno eterno.
Y de repente, llegó una ola de calor en junio que me dejó en cuerpo en stand by, cansado, fatigado, lento y desubicado.
Y con esta bienvenida calurosa, llegó un verano caótico, con los niños en casa, sin muchos planes, con viajes de última hora y donde la maleta ha estado viajando de aquí para allá sin muchas pretensiones ni objetivos.

He de decir, que no me gusta mucho viajar, y a pesar de eso, me he pasado el verano con la maleta a cuestas. Adoro la rutina, el otoño, estar en casa, los días de lluvia… pero los cielos plomizos y ese gris eterno, se me han hecho muy largos este año.
Lo que me gusta de los viajes es esperar en la estación (siempre que los señores de renfe no lleven horas de retraso…), mirar por la ventana mientras viajo, perderme en mis pensamientos, disfrutar de los sitios nuevos, de los paseos sin rumbo, de no tener que cocinar, de poder ver el mundo con mis ojos de niña…

y llega septiembre, y solo quiero volver a la rutina, esa de la que quiero huir en junio.
Y así, vuelta a empezar.
Mis veranos siempre suelen ser caóticos, no planifico, porque por mucho que quiera, siempre surgen planes e imprevistos de última hora, y en medio de este caos, lo que intento es no agobiarme si se tuercen las cosas.

Estas han sido nuestras vacaciones:
Nos hemos dejado llevar por los días. He delegado muchas decisiones, por ejemplo, para ver si íbamos a la playa, he preguntado a los niños. Muchas veces bajábamos a la arena cuando volvíamos de la compra, sin las toallas, para jugar un rato.
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He saboreado las comidas sin reloj. Sin prisa por levantarnos de la mesa y recoger.
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No me he puesto el despertador. Escuchar la radio en la cama y despertarme a las mil es de los mayores placeres de la vida.
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He leído libro y medio. No está mal. Dos ensayos, que he subrayado y garabateado por los márgenes para recordar lo importante. El que he acabado, lo volveré a leer porque me parece oro.
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He paseado por ciudades que no conocía, sin prisa y fijándome en los edificios y detalles de la ciudad. Sin necesidad de verlo todo. Parando en cafés bonitos para descansar, leer y dibujar.
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He fotografíado un montón de edificios, con balcones y ventanas muy originales que quiero dibujar a mi estilo. Estoy en ello, porque quiero que tengan la esencia de las fotografías, pero no me sale… jajaja
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He disfrutado jugando a juegos de mesa, eso que no me gusta demasiado. Definitivamente, tenemos que jugar más porque me he reído mucho.

A medida que acaba el verano, asoma el deseo de volver a casa y a la rutina, a tomar el café en mi taza favorita, a preparar mis infusiones de hierbas, cuidar mis plantas, a retomar el café con las amigas y volver a dormir en mi cama. A comprar el material escolar, que era de mis momentos favoritos de la vuelta al cole cuando era niña. Que aunque ahora es para mis hijos, yo lo vivo con la misma ilusión.

Y llega el momento de comprar la agenda, que suelo llevar siempre a cuestas, donde escribo los objetivos para el curso que comienza, ya sabes, esos que son todos los años los mismos: hacer ejercicio, comer mejor, dormir más, no pasar tanto tiempo en redes… y que luego, quedan relegados a un segundo plano porque las tareas del día a día abarcan más de lo que me gustaría, y esas buenas intenciones, se quedan algo abandonadas, para intentar sobrevivir a un invierno, otra vez largo y espero que esta vez, menos gris.
¡En fin querídas! Feliz vuelta a la rutina.
Pd: Este texto es de septiembre de 2025. Lleva en borrador un año. Un pequeño desastre más, una de esas buenas intenciones del año pasado, la de escribir, que se han quedado en el cajón.
Lo rescato porque este verano no ha sido muy diferente al que describo, aunque os lo contaré por aquí y espero no tardar un año.
Marta