July 27, 2024 by
Hilanderas
No es un buen día para escribir. Mucho calor y los niños no se callan.
Me cuesta escribir tres frases seguidas con tantas interrupciones. Pero aquí estoy, sentada desde hace ni me acuerdo, intentando poner en orden varias ideas.
Como las hilanderas. Que desenmarañan la fibra para transformarla en hilo. La retuercen para obtener los hilados. Así estoy yo, retorciendo mis ideas, para ver si consigo que se unan para escribir algo coherente.

El verano tiene esos tiempos de pausa que me hacen pensar más que de costumbre. Demasiado. Muy a mi pesar.
Hace años que no pasamos tantos días en casa en vacaciones así que me propuse trabajar a tope.
Mal.
No tengo el cuerpo ni la cabeza rindiendo como me gustaría.
Un cansancio terrible, y la mente que divaga sin parar y no consigo que se centre en nada.
He probado de todo. No os voy a aburrir, pero no funciona nada.
La solución me la ha dado una amiga: estamos en verano, hay que descansar y coger energía para el otoño y el invierno que se hacen muy largos.
Así que aquí estoy, rendida a las evidencias del cuerpo, la cabeza y las amigas sabias; dejando a un lado la planificación del medio año que queda. Y con el foco en lo que me pide este cuerpo y la energía que tengo en cada momento.
Y vosotras ¿qué tal andáis estos días de energía? ¿dónde la ponéis? ¿se va a algún lugar que no queréis?
Parte 1, lo que soy y me define forma parte de lo que busco y me marca el camino a seguir:
Yo soy la vida que fluye.
Yo soy la vida que arde.
Yo soy la vida que tiembla.
Yo soy la vida en movimiento.
Yo soy la vida que se estremece.
Yo soy la vida que se expresa.
Yo soy la vida que ríe.
Yo soy la vida que se protege.
Soy soy la vida que instintivamente huye ante el peligro.
Yo la vida: vulnerable y auténtica. La emoción es noble.
La emoción es vida.
La emoción une el cuerpo a la consciencia. La emoción es ese lindero de la información del cuerpo.
Siente.
Fin de la parte 1.

Así que en mitad de este impás. Durante los momentos que tengo de lucidez y concentración, algo voy avanzando.
He vuelto a escribir.
Y lo más importante.
Me he preguntado por qué el cuerpo me impone este ritmo, este bloqueo, esta dificultad.
Parte 2, quietud y reflexión, lo que nos hace felices y lo que no:
Un humano que conoce los laberintos de su cerebro,
que cultiva su interdepencia con el resto del mundo y que alimenta su necesidad de soñar,
de sentirse libre y creativo,
logra superar muchos de los retos y dificultades constantes de la vida humana.
Y lo logra apoyándose sobre nuestra capacidad innata para el optimismo y la esperanza.
Fin de la parte 2.

La meditación forma parte de mi vida desde hace años.
Me desenmaraña el pensamiento. Es mi hilandera particular. Hace ovillos que luego clasifica para ver todo con más claridad.
Para entenderme mejor.
Para entender que lo que fui, soy.
Parte 3, la infancia:
Hay niños heroicos. Yo nunca lo fui. Solo era un hámster enjaulado que escondía las pipas en un rincón para que nadie más se las comiera. Con mi actitud servil esquivaba los golpes, callaba para no molestar, y si había que correr en la rueda de la jaula, corría. Lo que hiciera falta. Mis armas de guerra eran el silencio, la disciplina, el instinto siempre alerta para rehuir cualquier confrontación. Me sentía en peligro de muerte y estaba dispuesta a sobrevivir como fuera. Hasta fingiendo ser feliz. Tal vez por eso siempre me han dicho que lo más bonito que tengo es la sonrisa. No es de extrañar, después de pasarme la vida entera ensayando, sonriendo sin razón.
Fin de la parte 3.

Vivimos tiempos complicados.
Donde lo material parece haber cobrado más importancia que nunca.
Donde parece que tenemos que tener más, para ser mejores, para sentirnos bien.
Donde la individualidad gana a lo colectivo.
Donde mi beneficio tiene que prevalecer frente al beneficio colectivo.
Pero somos seres sociales. No sobrevivimos si no es en grupo.
Y desde ahí, ¿qué puedo aportar yo a la sociedad, a mi grupo?. ¿Soy consciente de lo que puedo dar?: eso que me hace feliz, que comparto con alegría, que me hace ser lo que soy.
Parte 4, tu voz es importante, tenla presente, huye de lugares donde se apague:
Siempre me viene a la memoria Clara Schumann (1819-1896), compositora y pianista. De hecho, algunas de la piezas estrenadas por el magnífico músico Robert Schumann, marido de Clara, son en realidad de ella. Clara compuso poco, y explica la razón de ello en su diario: “Alguna vez creí que tenía talento creativo, pero he renunciado a esta idea; una mujer no debe desear componer. Ninguna ha sido capaz de hacerlo, así que ¿por qué podría esperarlo yo?”.
Fin de la parte 4.
Parte 5, lo material:
La abundancia material no puede compensar un capital social decreciente y un mundo cada vez más vigilado y estrecho: en el mundo entero, cada vez nos sentimos más solos y tenemos menos personas de confianza en las que apoyarnos; cada vez encontramos más comodidades, pero menos retos y sentido a nuestras vidas.
Fin de la parte 5.

¿Dónde pongo mi energía para encontar mi equilibrio?

He hilado este texto a través de las palabras de varias escritoras:
- La parte 1 es de Camille Pelloux en La mujer chamana.
- La parte 2 es de Elsa Punset en Fuertes, libres y nómadas.
- La parte 3 es de Ayanta Barilli en Un mar violeta oscuro.
- La parte 4 es de Rosa Montero en El peligro de estar cuerda.
- La parte 5 es de Elsa Punset en Fuertes, libres y nómadas.
- La parte 6 es de Toko-pa Turner en Pertencia.
Parte 6 y final:
Hay un lugar en nuestro interior donde hemos de dejar que todo florezca a su propio tiempo y manera. La naturaleza lo acepta todo tal y como es.
Fin de parte 6.
Somos hilanderas porque vamos juntando los hilos de lo que fuimos, de nuestras experiencias, para entender lo que somos.
Porque los retorcemos para formar un hilado que define nuestra voz, porque somos vida que se expresa, una vida auténtica.
Porque somos emoción. La que nace de nuestro pensamiento. Ese consciente. El que nace de nuestro laberinto de la mente, el que desenmarañamos. El que nos hace sentir creativas, como cuando éramos niñas. Esas niñas que ahora abrazamos. La que hemos liberado de la jaula del hámster. La que ahora tiene voz y la expresa. La que cuida su interior. La se acepta tal y cómo es, igual que hace la naturaleza.
Gracias por leerme.
Marta